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quinta-feira, 29 de março de 2012

Los vigueses pasaron el festivo en la playa y en la feria de Valença


Vigo vivió ayer una jornada de calor propiamente veraniego, con máximas de 25 grados y un lleno en todos los arenales. El festivo de la Reconquista vació de tráfico las calles y aumentó la demanda de los autobuses con destino a las playas de viajeros armados con toalla y manga corta. Otra opción fueron los montes y parques forestales de las parroquias del rural. Casi nadie quiso perderse el verano adelantado, sobre todo porque a partir del lunes y con la Semana Santa a las puertas, podrían aparecer las primeras lluvias de abril.
Ayer hubo otro atractivo que conocen bien los vecinos de la comarca de Vigo: la feria de la localidad lusa de Valença, a pocos metros de la Fortaleza. Esta feria se celebra desde hace años todos los miércoles y que coincidiese con el festivo en Vigo fue la oportunidad para muchos ciudadanos. Desde primera hora de la mañana se produjo bastante tráfico en la Avenida de Madrid, la principal salida hacia Portugal, y se llenaron los aparcamientos de la feria de Valença, ayer con acento gallego, y esto a pesar de que estamos a fin de mes.
El norte de Portugal ya está acostumbrado a recibir una avalancha de vigueses dos días a la semana, los miércoles a Valença y los sábados a Vila Nova de Cerveira, el día en que esta localidad del distrito de Viana celebra su feria.
Fue un día de calma en la antesala de la huelga general que se celebra hoy en toda España. Para la jornada de hoy Meteo Galicia prevé cielos despejados y una temperatura máxima de 26 grados, mientras que el viernes también rondará en torno a los 25 grados y ya el sábado hay un descenso hasta quedarse en los 20 grados de máxima en la ciudad. Ayer las máximas en Galicia se registraron en Monforte y Ourense con 28 grados.
Por otro lado, la humedad del aire fue del 30% el martes y hace unos días bajó al 15%, un porcentaje muy llamativo en Galicia puesto que la media habitual está entre el 60% y el 80%.

segunda-feira, 24 de agosto de 2009

Caravana de gangas en la frontera lusa

La feria de Valença vivió ayer unos de sus mejores días en ventas en la primera jornada del mes de agosto
Los gallegos y portugueses son los que más acuden a esta feria, aunque ahora en verano se pasa gente de toda la península. Joel Martínez
Todos los miércoles Valença do Minho (Portugal) celebra su sonada feria que en agosto se hace todavía más popular. La aglomeración dificulta el paseo por los puestos y se hacen necesarias más horas para recorrer de principio a fin todas las carpas. Esto sirve como excusa para quedarse a comer en la ciudad y dedicar el resto de la tarde a curiosear en aquellos chiringuitos que quedaron por ver durante la mañana, además de visitar la Fortaleza. Los precios siguen atrayendo a compradores, pero los feriantes admiten que comparado con otros años hay menos gente y menos ventas.
La larga caravana de coches que se dirige al aparcamiento de la feria de Valença de Minho delata que va a ser uno de los días más espléndidos para el modesto negocio de los vendedores. La gente acude en masa este primer miércoles de agosto para aprovecharse del abundante surtido de artículos que se exponen en los puestos que, cubiertos con unas carpas blancas y ordenados en cuadrícula, se extienden en una planicie empedrada, típica de las calles de Portugal.
Sin embargo, Valença semeja una extensión de Galicia, tanto por el paisaje como por la lengua. El entendimiento con los compradores del otro lado del Miño no implica ningún problema para los feriantes, que optan por unas variedades lingüísticas muy próximas al gallego, entienden el idioma a la perfección y también dominan el castellano. Aunque ahora compartimos moneda, antes de que llegara el euro se podía pagar, sin reparo, en pesetas.
Desde bien temprano, gallegos fronterizos, gallegos de poblaciones más lejanas, portugueses, resto de peninsulares y algún que otro extranjero hacen lo posible por encontrar plaza para aparcar. Una vez fuera del coche, el reto consiste en sortear los carritos de bebé y los paisanos que se entretienen a charlar obstaculizando el paso. Pero no suele haber demasiada prisa ya que la mayoría de los que acuden a la feria lo hacen con tiempo, se entretienen a ver todo tipo de curiosidades e incluso acaban comiendo en la ciudad para dar un nuevo paseo por la feria durante la tarde. José Miguel Cortés aprovecha las vacaciones con la familia para pasarse por cuarto año por esta feria. Viene desde el País Vasco y dice que piensan quedarse a comer para continuar con las compras después del almuerzo y, cómo no, darán un paseo por la joya de la ciudad: la Fortaleza.
También los hay que viven cerca y pueden volver otro miércoles. Prefieren ir a casa después de las compras matinales. Este es el caso de Óscar Moure y Sonia Rey, una pareja de Salvaterra que conoce perfectamente la feria que les queda a un río de distancia.
Los clásicos triunfan
Y de entre tanto para elegir, ¿qué llevarse? Lo cierto es que el tópico en este caso no es sino una constatación de la realidad. Las toallas, alfombras y, en definitiva, los artículos para el hogar son los complementos que más triunfan en este mercadillo y no es para menos ya que también son los que tienen un precio más bajo frente a la competencia. Estos productos se suelen vender por kilo y los precios varían según la calidad de los mismos. Manolo, que dice no tener apellido porque todos lo conocen exclusivamente por el nombre, explica que las toallas que cuestan cinco euros el kilo son las de "trote", mientras que las que cuestan siete están hechas de un material más duradero y suave. "Además se pueden llevar juegos completos" añade.
Pero el que quiera llevarse algo más original tiene la oportunidad ya que hay un gran número de puestos especializados en los que se venden plantas, bolsos, animales, figuras decorativas, comida, ropa, menaje y un largo etcétera.
José Miguel Cortés reconoce que las veces que vino con su familia ya traían una idea de lo que buscaban aunque también se han llevado algunas cosas que sugieron en el momento como una centrifugadora de ensaladas. La variedad de la oferta es lo que más atrae a los visitantes que no tienen ninguna queja en ese sentido. En cuanto a los precios, tampoco hay descontento, sobre todo en comparación con los comercios, por eso merece la pena aguantar el atasco, tener un poco de paciencia, y sobrevivir a los tropezones y al bochorno.
in Faro de Vigo

quinta-feira, 20 de março de 2008

Las visitas a la feria de Valença provocan 7 kilómetros de retenciones en la autovía

La multitudinaria feria de los miércoles en Valença do Minho se convirtió ayer en el principal foco de atracción para los miles de vigueses que disfrutaron de un día libre gracias a la festividad de San José. Las familias que no pudieron emprender viaje para pasar la Semana Santa fuera de la comunidad encontraron en el mercado luso una buena alternativa para pasar el día, lo que generó retenciones de hasta siete kilómetros en la autovía A-55, a su paso por Tui.Los empresarios lusos calculan que durante la jornada visitaron su popular mercado alrededor de 13.000 personas, de las que más de 10.000 procedían de Galicia, fundamentalmente de Vigo y Ourense, las ciudades más próximas.El éxodo hacia el norte de Portugal se dejó sentir desde primera hora de la mañana en la Autopista del Atlántico, pero los peores momentos se registraron alrededor de mediodía ya en la autovía Vigo-Tui, donde los conductores llegaron a estar completamente parados en algunos puntos. Escenas similares se repetían justo después de comer, otro momento complicado para la circulación que obligó a la Guardia Civil de Tráfico a poner en marcha un dispositivo especial de vigilancia.Más de hora y media tardaron los conductores en recorrer los algo más de 35 kilómetros que separan la ciudad olívica de Valença do Minho. Familias enteras con destino a Portugal y con la única intención de pasar un día distintos y hacer algunas compras para casa, aprovechando la celebración del Día del Padre.La situación se repite en mayor o menor medida siempre que coinciden en el calendario un festivo en Galicia con un miércoles laborable en el país vecino. Pero se agrava en jornadas como la de ayer, cuando el día libre llega en el inicio de las vacaciones de miles de familias gallegas.Un día de descanso que acaba convirtiéndose en una jornada agotadora para aquellos a los que no les gusten las aglomeraciones. Caravana para entrar en la villas, una odisea aparcar cerca del mercadillo, colas para comprar y casi imposible encontrar hueco en un restaurante para tomar un respiro o llevar los niños al baño.Un sinfín de dificultades que se compensan con buenos precios y una variada oferta reunida en un único espacio. Chaquetas a tres euros, zapatos desde cinco, toallas por un puñado de céntimos y paelleras a 11 euros."Gangas" a mediasAuténticas "gangas" para los turistas pero que no engañan a "profesionales" como Concepción Guisande y Carmen Pérez, dos amigas de Porriño que ayer acudieron a la feria para pasar el día pero no para comprar. "No es buen día, lo que hoy cuesta 5 euros la próxima semana lo encuentras por 3", advertían divertidas camino de un restaurante.Sus consejos no evitaron que otros visitantes sí aprovecharan la visita, como las hermanas Estrella y Pilar Lusquillos, vecinas de Redondela y Soutomaior, que acabaron comprando en los puestos de menaje y que en sus esporádicas visitas al mercado suelen centrarse en los puestos de "hogar, ropa deportiva y calzado", de los más concurridos.Con paciencia soportaron el lento viaje hasta la feria, en la que familias de Vigo se encontraron con vecinos o amigos. Difícil no advertir alguna cara conocida en un recinto con acento gallego, en el que lo complicado era oír a alguien hablando en portugués.
In Faro de Vigo