quinta-feira, 29 de julho de 2010

DESDE VALENÇA DO MINHO A por «atoalhados» al país vecino


Cruzar la frontera para ir de compras por Valença es un clásico que recomiendan incluso en Baiona. Primicia: camisetas de la selección tuneadas a 12 euros

Desde que Portugal se independizó, allá por el siglo XII, las relaciones transfronterizas siempre han dado guerra. El primer nombre de Valença lo dice todo: Contrasta. ¿Y con qué contrasta?, se preguntará el lector. Pues con Tui, hombre, con Tui, cuya catedral, belicosa y almenada, se divisa desde las murallas de Fortaleza, en la otra orilla del pai Minho. El paso del tiempo ha ido generando nuevos quebraderos de cabeza, como el cierre del servicio médico de urgencias valenciano y el éxodo de pacientes hacia Galicia, o la ocurrencia de los artistas que han impuesto un peaje con más trampas que el laboratorio del doctor Bacterio a las autovías del norte luso.
Pese a tanto jaleo, hay algo capaz de resistir ahora y siempre al invasor: la feira textil que cada miércoles lanza su poderoso efecto llamada a través de la frontera, transmutada en un puente de cuatro carriles.
Hace años, los puestos escalaban las sendas que conducen a Fortaleza, los más afortunados a la sombra de las acacias. Hoy todos ellos se alojan en un recinto específico, que saluda al aplastante sol como un verdadero mar de toldos al que la discoteca Oliveira pone banda sonora. Unas tonadas de inquietante parecido con aquel terrorífico Os peitos da cabritinha .
Aunque son las diez de la mañana, hora local, el personal recorre ya densamente este particular universo del pequeño comercio ambulante, hasta el punto de complicar bastante el aparcamiento. Carolina Mesquita vende calcetines de algodón, a 5 euros los seis pares. Lleva diez años acudiendo a la feira de Valença. «Veñen moitos españois de todas partes, da Galicia, de San Sebastián, pero con esta crise hai moitos menos». Las ofertas se suceden. Toallas gigantescas a 13, 12 y 10 euros. Pablo vive en Mos y acompaña a su madre. Ya puestos, se hace con una de ellas. La verdad es que esta gente trabaja un género perfectamente actualizado. Bob Esponja, los Bakugan, Spiderman. Debe de resultar extraño, eso sí, tumbarse sobre una Hanna Montana bidimensional en la playa. Pero mucho más hacerlo entre dos enfermeras ataviadas de verde. La rubia, de vestido vertiginoso. La morena, completamente desorejada, exhibe una lencería fina que destapa más turgencias de las que oculta. Una toalha para regalar al cafre del novio de Falete.
José María ha heredado el negocio de sus padres. Posee un almacén de venta al por mayor en Vigo. «Está complicado, o euro fixo moito estrago; a peseta valía máis, pero agora os prezos, aínda que nalgúns produtos aínda están aquí máis baixos, son xa moi equilibrados». La conversación sale a cuenta: un juego de sábanas y un delantal patriótico, en verde y rojo, por 10 euros. Más charleta. Miguel Ángel es de Huelva. Veranea con sus dos hijos y su mujer en Galicia. «Nos dijeron en Baiona que había un mercadillo muy bueno y -esto no lo puedes poner muy alto- no hay en el mundo algo que le guste más a una mujer que un mercadillo». Así que aquí están. Han comprado manteles, un bolso y se dirigen hacia la zona en la que, toma primicia, ya puede adquirir uno camisetas tuneadas de la selección española de fútbol. Muchas tallas, el 7 de Villa y el 6 de Iniesta, con su estrella mundialista. Carlos, de Pontevedra, se prueba una. Por solo 12 euros. La mítica bolsa alternativa de Adidas es incluso más barata, 10 eurillos de nada.
Para acabar, un buen bacalhau grelhado en un restaurante de Fortaleza, cuyas ruelas siempre merecen la pena. Un acordeonista ejecuta su venganza y castiga al respetable reincidiendo en la misma escala de cuatro notas sobre un treintaitrés de toda la vida, más pesado que María Jesús y su pajarería sonando en la tragaperras. Felipe Rúa salva el trance con una copa de Porto en la excelente garrafeir a Vasco da Gama, ajena a todo sobresalto. Su dulce regusto anuncia el retorno, junto a un apunte para los más enteradillos de la clase. Los atoalhados, si no son de banho , son manteles, listillos.
in La Voz de Galicia